El dilema de la educación gratuita; separando el trigo de la paja

El dilema de la educación gratuita; separando el trigo de la paja

26 Abril 2013

Que cada habitante de este país sea capaz de desarrollar plenamente los talentos con los que nació y los que pueda desarrollar a lo largo de su vida debería ser el objetivo de la educación. Por Alfredo Barriga, Profesor en Estrategia Digital y Marketing Digital.

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Si todos trabajasen en lo que tienen más talento y más les gusta, si pudieran desarrollarse profesionalmente en su “elemento”, como dice Sir Ken Robinson, la economía de una nación estaría en el mejor lugar donde puede llegar a estar, y sus ciudadanos serían más felices de lo que son. Son los recursos intangibles (talento, creatividad, capacidad de innovación) los que realmente permiten a una nación prosperar. Sin embargo, la humanidad lleva 7 mil años ignorando esto, y pensando que la prosperidad viene exclusivamente del acceso a recursos naturales y financieros. 

El principal recurso del siglo 21 es el talento, la creatividad, la innovación. No se puede seguir pretendiendo que un modelo económico basado en la competitividad mundial en recursos naturales sea lo óptimo para una nación. Sin embargo, nuestro país lleva más de 30 años embarcados en un modelo económico basado en sus recursos naturales, con la perenne promesa – hasta ahora incumplida – de que ello nos llevará a desarrollo y a una sociedad más justa e igualitaria.
Frente a la realidad del incumplimiento de la promesa se levantan dos opciones políticas. Ambas son incapaces de ver fuera de la caja, y siguen defendiendo el mismo modelo económico basado en recursos naturales. Unos defienden que con más mercado el desarrollo por fin llegará. Los otros defienden que será con más Estado. Ambos están equivocados. Será con más talento. Y para ello,Chile requiere una revolución en la educación.

Hacer posible que cada habitante de este país sea capaz de desarrollar plenamente los talentos con los que nació y los que pueda desarrollar a lo largo de su vida debería ser el objetivo de la educación, junto con la de ayudar a los padres a formar personas íntegras de sus hijos.

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