¿Aceptará Bachelet la donación de Douglas Tomkins?

26 Abril 2014

Espero sinceramente que el Gobierno de la señora Bachelet, esta vez tenga la capacidad de aceptar la donación, con la esperanza cierta que de paso se mejore la política de financiación de Conaf y las políticas y directrices con que se administran los Parques y Reservas Nacionales

Andrés Gillmore >
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El empresario y conservacionista americano Douglas Tompkins, siempre se ha salido del "modus operandi chilensis" de eso no hay duda; vive desde los años noventa entre la provincia del Palena en la región de Los Lagos y Aysén específicamente en la cuenca del Baker al sur de esta región en un sector conocido como Valle de Chacabuco, invirtiendo y desarrollando proyectos conservacionistas. Nuevamente ha vuelto a la carga y como siempre de manera muy poco ortodoxa a los oídos de nuestras autoridades con el “no vengo a vender, vengo a regalar” ofreciendo esta ves donarle al Estado de Chile, las no despreciables 289 mil hectáreas en la provincia del Palena y toda su infra estructura construida, conocido como Parque Pumalin.

Tompkins es un hombre de modales tranquilos, pocas palabras y más parece un profesor jubilado dematemáticas de Alaska que el gran magnate que hizo su fortuna con ropa deportiva y que llego a nuestros territorios australes a desarrollar Parques de conservación territorial. En los años que llegó poco y nada se sabía de Aysén en nuestro mismo Chile, menos de la provincia del Palena. Eran territorios perdidos que no interesaban mayormente y nadie imaginaba en el arribismo santiaguino de esos años, que alguien en su sano juicio podría desarrollar proyectos conservacionistas o cualquier otro en estos territorios “que horror dirían muchos”, si estaba quedando tan bonito el barrio la Dehesa, el Alto Las Condes era fantástico y Santo Domingo en el litoral central era una maravilla. El Presidente en esos años era Patricio Aylwin que sin decir agua va entregaba Laguna del Desierto al sur de Aysén a los argentinos sin pestañar y eso seria todo.

Pocos saben que cuando Tompkins llego a la provincia del Palena en la década de los noventa, estábamos en los inicios de la mayor crisis histórica del mundo rural austral del que se tenga conocimiento hasta la fecha; literalmente los pobladores estaban agonizantes. Todo lo que se había desarrollado con tanto esfuerzo y trabajo desde la época de la colonización por más de cinco generaciones, estaba muriendo irremediablemente. El poblador de Aysén y del Palena, siempre se rascó con sus propias uñas y poca ayuda recibía del Estado fuera de haber recibido títulos de dominio, pero la decisión de asociarse al Mercosur irremediablemente fue demasiado y lo destruyó y de paso también a toda la industria textil chilena y nunca más se compro lana en Aysén. En el mismo paquete de medidas permitió la entrada de carne de otros países y como si fuera poco, nunca más se compró ganado en pie para consumo en Aysén, sumándole a eso la decidía que reinaba en esos años. En un par de años la ganadería quedo reducida a su más mínima expresión y los pobladores de brazos cruzados.

Tompkins arribo a Chile con ese escenario, pero a mi entender sin tener conciencia de lo que estaba sucediendo. Los gobiernos de esos años carecían totalmente de conciencia social y Chile era el nuevo rico de América Latina, el gran ejemplo a seguir, nos sentíamos poderosos y dueños de la verdad absoluta, pero con un trato déspota con nuestras comunidades. Los pobladores de ese entonces no tuvieron otra alternativa ante el desamparo, por un Estado que pensaba que el mercado lo regulaba todo, incluso la vida misma de las personas y con mucho dolor en sus corazones, no les quedó otra que hacer de las tripas corazón y vender los campos que habían heredado de sus padres.

En aquellos años solicité diferentes audiencias a las autoridades de Aysén relacionadas con la actividad ganadera, SAG, BANCO GANADERO, SEREMIA DE ECONOMIA para explicarles la crisis desde adentro y que soluciones podrían haber. Preparé un plan de trabajo para no llegar con las manos vacías, pero me encontré con autoridades que no estaban dispuestas y la respuesta fue la siguiente, “si los pobladores no tienen la capacidad de competir, mejor que se dediquen a otra cosa” la única institución que olfateó algo fue el Banco ganadero, que me ofreció catastrar a los pobladores y me propuso entregar vacas en arriendo cotizadas en U.F., fue una clara demostración que más que ayudar nos querían…. y así no más fue, los pobladores vendieron y tuvieron que dedicarse a otras actividades los que pudieron. Los más viejos que no pudieron reinsertarse como era natural murieron con mucha pena.

Esta claro que no esta bien que un extranjero sea propietario de tantas hectáreas y sin duda debería legislarse para que no vuelva a ocurrir; en el mismo Estados Unidos no es posible. Pero la respuesta del porqué y de cómo llegamos a eso es simple y la culpa no fue de Tompkins o que cometiera alguna ilegalidad; la culpa fue del modelo económico que se gesto en los ochenta y que la Concertación dejo intacto al llegar al poder en 1989.

Tal como las transnacionales se apoderaron en esos años de los derechos de agua sin pagar un solo peso y cedieron los derechos de aguas de todo Chile y se entregaron concesiones mineras a los capitales privados para su explotación y que el cobre que llamamos chileno, es solo un tercio y el resto esta en manos de transnacionales extranjeras. Lo mismo sucedió con la pose de la tierra en los territorios australes. Llegaron los capitales extranjeros y ante la vista y paciencia de los gobiernos los compraron, en esos años además se encontraba que era lo más natural y como si fuera poco, era considerado un motivo de orgullo, que capitales extranjeros nos tomaran en cuenta de esa manera y invirtieran en Chile comprando tierras.  

Pocos saben que entregar grandes extensiones de territorio al Estado de Chile no es nuevo para Tompkins; ha concretado otras donaciones similares. El parque Corcovado en Chiloé y hace pocos meses atrás entregó el Parque Yendegaia en Tierra del Fuego, después de negociar con el gobierno de Sebastián Piñera y hacer algunas sociedades estratégicas para concretar las donaciones.

La trampa si es que se le puede llamar así de lo que propone Tompkins, es que los territorios donados en caso de ser aceptados, deben administrarse como Reservas o Parques Nacionales y ahí entramos al área chica del problema de fondo y explican el porque no siempre el Estado de Chile quiere recibir las donaciones del magnate. Carecemos de una política adecuada de administración de Parques y Reservas Nacionales. La financiación es paupérrima y se trabaja con un formato de concesiones, que más que desarrollar destruye, porque es tomado como un simple negocio. Los Parques propiamente tal están en precarias condiciones y no cuentan con una política de sustentabilidad que los proyecte en el tiempo. Es fácil constatarlo, el emblemáticoParque Nacional Torres del Paine, es administrado con concesionarios y se han construido hoteles y acomodaciones en el mismo Parque, lo que no es inaceptable bajo todo punto de vista. En todo país desarrollado los Parques no se tocan y si se construye es fuera de él.  

El año pasado el subsecretario de Pesca Galilea, sin ninguna conciencia y eso que es nacido y criado en Aysén, quería liberar las aguas del Parque Nacional O’Higgins en Magallanes, para que se instalaran jaulas salmoneras. En el Parque Nacional Lauca al interior de Putre en la frontera con Bolivia, uno de los más bellos e importantes de Chile, querían desafectarle el 20%, para explotación minera. HidroAysén no tiene reparos en declarar que inundara 180 hectáreas del Parque Nacional Laguna San Rafael para construir la central Baker 3.  

El Estado al parecer olvidó que el objetivo que sustenta la Ley de Parques Nacionales, que fue ratificado por el tratado de Washington al cual nos suscribimos, para asegurar la conservación de los valores naturales de los Parques, bajo un formato jurídico que aseguren su conservación y la mantención en estado natural, para el uso y disfrute de todos los ciudadanos; nunca jamás para desarrollo de negocios, menos para su industrialización, con la obligación de financiar investigaciones para desarrollar conocimiento científico específico del área protegida, con estrategias y planificaciones que permitan el fomento económico de las regiones en que están emplazados estos territorios considerados de excepción.

Espero sinceramente que el Gobierno de la señora Bachelet, esta vez tenga la capacidad de aceptar la donación, con la esperanza cierta que de paso se mejore la política de financiación de Conaf y las políticas y directrices con que se administran los Parques y Reservas Nacionales, para que definitivamente en un futuro no tan lejano, estos verdaderos santuarios de uso público, tengan el derecho a perpetuarse y proyectarse sustentablemente como un baluarte de desarrollo nacional.