Vértigo tecnológico al servicio de la humanidad

Vértigo tecnológico al servicio de la humanidad

02 Junio 2021
La inteligencia artificial, la automatización, así como la bio y nanotecnología parecen modelarnos e impulsarnos a modificar nuestros comportamientos, casi como si fuéramos meros títeres en esta revolución tecnológica.
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Nueva Economía, Inteligencia Artificial, Automatización. Foto: Unsplash

Por Nancy Pérez Ojeda, Gerente de Excelencia en Proyectos at CODELCO, Ingeniero Civil en Informática y Magister en Innovación, Tecnología y Emprendimiento de la Universidad Técnica Federico Santa María.

Los avances tecnológicos parecen imposibles de detener. Son tantos los campos en los que el conocimiento avanza que, lo que hasta hace poco era visto en películas de ciencia ficción, hoy lo integramos casi sin darnos cuenta a nuestras rutinas diarias. Abriremos las puertas a la sociedad del conocimiento, se decía poco tiempo atrás, y hoy día componentes con inteligencia artificial comienzan a sugerirnos qué comprar o por quien votar.

Así como el conocimiento ilumina con nuevas oportunidades, también deberíamos ser conscientes de sus potenciales efectos adversos. Lo digo puesto que es justo reconocer el lado positivo de la industrialización al haber impulsado el progreso de las naciones. Sin embargo, esto no ha estado exento de evidentes costos socio-ambientales. 

El gran vértigo tecnológico viene de la mano de digitales, como la inteligencia artificial y la automatización, así como de campos como la bio y nanotecnología. Todas ellas parecen modelarnos e impulsarnos a modificar nuestros comportamientos, casi como si fuéramos meros títeres en esta revolución tecnológica. Salvo contadas excepciones, por ejemplo, las preocupaciones por el uso de datos personales y las asociadas a ciberseguridad, estamos siendo arrastrados como consumidores pasivos de estos desarrollos.

En Chile, gran parte del financiamiento de la actividad científica proviene del Estado, con un escuálido 0.35 % PIB. Pese a ello, fue esa actividad la que ayudó al Estado a enfrentar la pandemia y con seguridad, será una pieza clave para la reactivación. En un momento en que el país comienza a dejar atrás la mera explotación de recursos naturales y se abre paso a nuevas formas de creación de riqueza, bien cabe escuchar la advertencia de la filósofa española Adela Cortina, quien reclama que “no invirtamos tantísimo dinero público en batallas ideológicas. Pongamos los recursos al servicio de la investigación científica y de la educación. Es lo que nos puede ayudar en estas emergencias y lo que nos puede hacer fuertes”.

Sin embargo, tan importante como llamar la atención acerca de los recursos que se invierten en este campo, lo son las decisiones que en torno a él se adopten. Ante ello, cabe preguntarse: ¿dónde pondremos los focos de desarrollo tecnológico?, ¿cuánto invertiremos?, ¿qué problemas necesitamos entender y resolver?, ¿quién anticipará la regulación necesaria para limitar los efectos adversos?, ¿qué es lo mejor y cómo se decide? 

No cabe duda de que tenemos enormes desafíos y que, en este ámbito, estamos muy atrasados, casi llegando tarde al despliegue tecnológico que las grandes potencias mundiales iniciaron hace tiempo. El Ministerio de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación lleva apenas un año de creación y tiene por delante un largo camino por recorrer. Preocupa que este progreso pudiera acentuar aún más las brechas en acceso a salud y trabajo, en competitividad en mercados internacionales y en educación. Por lo mismo, urge relevar este ámbito a las prioridades del país e inyectar nuevas y diversas dinámicas al postergado desarrollo.

En las decisiones que adopten los ciudadanos en los próximos meses, la ciencia y la tecnología merecen ocupar un lugar y estar al servicio de la humanidad. Para ello, debemos involucrarnos y ser co-diseñadores de un futuro posible y no resignarnos a ser simples espectadores de esta cuarta revolución tecnológica que podría encontrarnos despertando cuando la película haya terminado.