Sacerdotes y Abusos Sexuales

19 Junio 2008
A propósito de los casos de abusos sexuales a menores por parte de algunos sacerdotes, y ante la ola de desinformación y escándalo que se ha ido generando durante los años, comparto esta reflexión al respecto. Por Gonzalo Arratia M.
Gonzalo Arratia >
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No es extraño que a estas alturas, el "boom" noticioso nacional haya tenido recaída en sacerdotes tan enigmáticos como el muy manoseado tema del cura Tato. Incluso nacieron películas muy sensibles con respecto al tema del abuso sexual dentro de esta vocación, como "El Crimen del Padre Amaro", pero díganse ustedes mismos, ¿ayudaron lo suficiente con "atacar" estos hechos para que no sigan ocurriendo?. Se hace mucha "bulla" por un árbol que se cae y NADA de bulla por diez mil que crecen. Para un cura malo, una película mala. Para los curas buenos: NO HAY TANTA CINTA QUE LOS PUEDA FILMAR

No hay que ser Einstein para reconocer que un sacerdote es un humano. Yo tuve un primo que estuvo dentro del proceso del seminario, pero prefirió finalmente salirse para seguir su camino como médico, y actualmente está titulado. Pero el pasar por el seminario te enseña muchas cosas de la vida de Cristo y lo difícil que es llegar a ser sacerdote también, pues no crean tampoco que es como "La Polar". Pero entonces vuelvo a preguntarles: ¿qué podemos hacer para mejorar esto?. ¿Estamos informados realmente de este tema grave o solamente nos gusta atacar la Iglesia Católica "por atacarla" y nada más?.
Si soy un católico y me preguntan "¿tu iglesia católica es perfecta o no?", lógicamente debo decir que NO, pues yo estoy adentro. Y a menos que metamos un marciano, recién podríamos entrar a discutirlo. Si hay gente que llega a decirle a uno "¡¡pero cómo me voy a confesar con un cura que es más pecador que yo!!"... ¡vaya!, ¡te toca un profesional y más encima te quejas!.

A propósito de los casos de abusos sexuales a menores por parte de algunos sacerdotes, y ante la ola de desinformación y escándalo que se ha ido generando durante los años, le comparto esta reflexión al respecto:
1.- Hay que acotar el problema. No se puede generalizar lo particular, así como tampoco se valdría particularizar lo general. Es un problema muy serio, pues se trata de delitos graves, pero no podemos etiquetar a todo el clero de pedófilo. Hay que dibujar el panorama completo, dar la nota completa, contextualizar. Es cierto que abunda el pecado, pero más sobreabunda la gracia. Hay muchos casos de santidad y también deben ser noticia de 8 columnas.
2.- Como todo delito, debe ser denunciado ante la autoridad competente, para que se haga justicia. Aquí lo que verdaderamente trasciende al interior de la vida eclesial, es el terminar con la práctica del encubrimiento (política avestruz), pues ésta es otro delito más. Encubrir no es solucionar, sino expandir el problema.
3.- El problema no es el celibato pues este es un valor auténtico y compartido con otras religiones, incluso, con la vida laica. El celibato es un camino auténtico. Hay muchas personas, no todas, que son llamados a ello, y capacitadas para vivir en consecuencia. No puede sostenerse el que la vida célibe genere la pederastia, puesto que también se da entre personas no célibes.

4.- El ser cercanos con nuestros sacerdotes, es una responsabilidad muy grave que pesa sobre todo el pueblo de Dios, pues como humanos, tienen necesidades afectivas que deben satisfacer. Si sólo se les ve como proveedores sacramentales, y no como amigos y hermanos, se está contribuyendo a crear patologías lascivas y lesivas. Es típico que cuando necesitamos un servicio sacerdotal, somos rápidos para solicitarlo, y a veces hasta exigirlo, pero pocas veces acostumbramos invitar a comer a nuestra casa al sacerdote de la parroquia de la esquina, pocas veces hacemos amistad con ellos. Acostumbramos ir al confesionario a soltarles nuestros problemas y pecados, pero no acostumbramos a ser receptivos y fraternos con los problemas de ellos. El solo criticar, es agravar el problema. En las manos de todos está el coadyuvar a solucionar este problema, sin que por ello eximamos de responsabilidad a las autoridades civiles y religiosas competentes con la cuestión. Si no se es parte de la solución, se es parte del problema.
5.- Hay que orar por nuestros sacerdotes pues la oración de intercesión, aparte de poderosa, es grata a los ojos de Dios. De hecho, en la iglesia primitiva se acostumbraba y exhortaba a la práctica de la intercesión. Un ejemplo claro lo encontramos en 1 Tim 2,1-6 y Rm 10,1.
Te comparto finalmente un video extraido de un concierto. "Dios", del músico católico Martín Valverde.