Columna: Chile ¿La copia feliz del Edén?
De seguro cuando Eusebio Lillo redactó nuestra canción nacional, dentro de sus poéticas líneas supongo que jamás imaginó que ciento sesenta y cinco años más tarde su entoncación tendría ribetes más taxativos y alejados del verso del aquel entonces joven poeta nacional.
Me pregunto si alguien habrá pensado en modificar nuestro himno patrio pues claramente en al menos seis de las regiones centrales de nuestro país el cielo azulado es escaso y de observabilidad mucho menos frecuente que en antaño. Sin considerar que precisamente estas regiones poseen la mayor concentración urbana y demográfica y que esas "puras brisas te cruzan también", van acompañadas de un tierral asfáltico y de miles de bolsas plásticas.
Nuestras políticas pesqueras definitivamente han hecho de "ese mar que tranquilo nos baña" un cementerio de ilusiones para los miles de pescadores artesanales que a diario trabajan honradamente para obetener su sustento y debiendo luchar no sólo contra la codicia y avaricia de las grandes pesqueras industriales sino que también contra una clase política que cada vez los golpea más fuerte en sus caras a modo de burla.
Ya no quedan blancas montañas, el mar nos ha respondido con fuerza y los campos de flores se esconden a nuestra presencia, de seguro que si existe un Edén en algún lado de Chile estará en el desierto o en nuestra patagonia, los cuales pronto dejarán de serlo gracias a nuestras ya nombradas políticas públicas.
De ser una copia, los somos, pues no basta con que nuestros ciudadanos quieran comportarse como miembros de la comunida europea sino que el gobierno los invita a comportarse como los ciudadanos de otras naciones.
No sólo tenemos un sistema constitucional basado en el sistema inglés, un ordenamiento jurídico copiado del modelo alemán, un modelo económico basado en las reglas predadoras norteamericanas y capitalistas, sino que también nuestra educación y salud están en manos de los privados y los pocos recursos que tenemos como Estado son ofertados a los mejores postores internacionales. Sin duda somos una calcomanía de papas fritas para otras naciones y acá nos hacen creer que somos la gran cosa.
Los invito a no creer que somos la copia feliz del edén pues definitivamente ése edén que nos han pintado se ha desteñido por nuestra propia culpa y los edenes que quieren que copiemos están hoy po hoy sufriendo crisis financieras, económicas, sociales y culturales.
Chile, copia feliz del edén, ahora ¿De qué edén me hablan? ¿De qué felicidad? Volvamos la vista hacia lo nuestro y dejemos de aceptar que nuestras autoridades se bajen los pantalones para negociar con la belleza de nuestra tierra y nuestra cultura y no permitamos que sigan copiando modelos de otros países que nada tienen que ver con la idiosincrasia de nuestra gente.


