[Lectura voraz] "El cerebro. Nuestra historia" de David Eagleman

Eagleman no escribe aquí para eruditos sino que para un público general que puede darse una refrescante ducha rápida con los conocimientos más recientes sobre esa materia gris que define quiénes somos y el mundo que habitamos.

Imagen de Daniel Carrillo Monsálvez
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31 de Enero, 2018 17:01
Lo que nos define como seres humanos.

La realidad no existe y nuestras elecciones no son racionales. Afirmar esto parece radical, pero es solo el piso básico para comenzar a adentrarse en la magia de lo que tenemos en la cabeza, un territorio con muchos secretos aún por descubrir. Así lo deja ver David Eagleman, uno de los más reconocidos neurocientíficos actuales, en su libro “El cerebro. Nuestra historia” (Anagrama, 2017).

Con una prosa entretenida y desafiante, pero también profunda, Eagleman no escribe aquí para colegas o eruditos, sino que para un público general que puede darse una refrescante ducha rápida con los conocimientos más recientes sobre esa materia gris que define quiénes somos y el mundo que habitamos.

“Este trabajo pretende salvar el abismo existente entre la literatura académica y las vidas que llevamos en cuanto poseedores de un cerebro”, explica el propio autor, desmenuzando en 6 capítulos desde “¿Quién soy”, “¿Qué es la realidad?”, y “¿Quién está al mando?” hasta la tremenda pregunta de “¿Quiénes seremos?”, reconociendo la posibilidad futura de un cambio fundamental en la manera de entender lo humano. Incluso, esboza, pudiendo habitar nuevos tipos de cuerpos y burlando a la muerte.

Respecto al mundo real, la idea que abre esta reseña, Eagleman deja muy claro lo que luego termina pareciendo obvio: “Nadie posee una experiencia de la realidad objetiva existente; cada criatura percibe tan sólo lo que ha evolucionado para percibir”. Así, el mundo es incoloro, mudo e inodoro. Es el cerebro el que convierte en color la radiación electromagnética que captan los ojos luego de haber impactado algún objeto. Él mismo también elabora sonidos en base a las señales eléctricas provenientes del oído, fruto de la compresión y expansión de aire. Y claro, igualmente es el cerebro el que convierte en olores las moléculas que flotan en el aire, luego de que se conectan a los receptores de nuestra nariz.

Sobre las decisiones, en tanto, el neurocientífico precisa que las observaciones científicas no confirman la teoría de que los humanos decidimos como seres racionales. Más bien, se ha establecido que los cerebros están conformados por diversas redes que pugnan entre sí, teniendo cada una sus propias metas y deseos. “Cuando decidimos si zamparnos o no un helado, algunas redes de nuestro cerebro quieren el azúcar; otras piensan más a largo plazo, se dejan guiar por la vanidad y votan en contra (…) El cerebro es como un parlamento neuronal, compuesto de partidos políticos rivales que compiten a la hora de llevar el timón de la nave del Estado”.

En total son 279 páginas en las que Eagleman ilumina de manera asertiva lo más relevante y llamativo de las últimas investigaciones en torno al extraño material neuronal de menos de kilo y medio de peso y consistencia gelatinosa que está a cargo de nuestros pensamientos, recuerdos y sueños.  

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