Desde la Cabina del Piloto: Rescate Aéreo de los 33 de la Mina San José

“El día martes 5 de Octubre y próximo a partir en comisión a Temuco, supe que estaba entre los 4 pilotos que iríamos a realizar el rescate de los 33 mineros atrapados en la Mina San José”. Por Teniente Pablo Schonherr
Imagen de Corresponsales El Boyaldía
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20 de Octubre, 2010 07:10

Todo empezó cuando chico, al mirar al cielo y recorrer los hangares llenos de aviones y helicópteros del ex aeródromo de Los Cerrillos. Un par de vuelos y supe que mi futuro estaba en la vida aérea. Además estaban las ganas fervientes de ser bombero y hacer cosas que le den la vida el sentido que se merece. Lo de ser bombero nunca se materializó gracias a mi madre y las aprensiones propias de su condición, aunque siempre me sentí motivado por la nobleza y desinterés de la actividad bomberil. Desde ese momento hasta el día de hoy, con los 26 veranos que llevo en el cuerpo me transformé en piloto e instructor de helicópteros de la Fuerza Aérea de Chile. Las historias y vivencias en materia aérea son muchas, muy variadas y todas llenas de ese gustillo aventurero que siempre quise de la vida.
El día martes 5 de Octubre y próximo a partir en comisión a Temuco, supe que estaba entre los 4 pilotos que iríamos a realizar el rescate de los 33 mineros atrapados en la Mina San José. Sin duda me sentí feliz de poder colaborar con esta labor tan importante para el país completo y, por qué no decirlo, para el mundo. Fue bastante novedoso recibir solicitudes de entrevista y el apoyo de prácticamente todos mis conocidos al enterarse ellos de mi participación en esta operación.
Llegó el día jueves 7 de Octubre, ya de vuelta en Santiago, y partimos rumbo norte hacia Copiapó, previa escala en La Serena. Aterrizamos en Copiapó en el Regimiento de Infantería número 23. Estaba todo dispuesto y nuestros camaradas de Antofagasta ya llevaban más de una semana en ese sector apoyando las operaciones con sus helicópteros. Cargamos combustible en el regimiento, analizamos la ruta en la carta, la ingresamos en los sistemas de navegación y partimos de inmediato hacia la mina. Allá nos dimos cuenta que habían construido un helipuerto envidiable para cualquier hospital santiaguino y nos esperaba el Comandante de misión para introducirnos a las operaciones de rescate. Nos habló sobre la importancia de la misión y nos agradeció el apoyo. Posterior a esto realizamos los reconocimientos de la ruta diurnos.
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Al día siguiente hicimos los reconocimientos nocturnos y el día lunes realizamos los simulacros de rescate, de acuerdo a la condición en que llegarían los mineros. Nos preparamos para toda condición y variante posible. Estábamos preparados para cualquier contingencia y preparamos relevos con el fin de tener períodos de descanso para poder cumplir con una operación en todo horario y toda condición. Realizamos las coordinaciones para tener condiciones óptimas para el vuelo con visores nocturnos (apagado de luces de la mina y corte de tránsito en la ruta desde Copiapó hasta la Mina San José).
La espera se hizo eterna y la ansiedad por el recate se iba haciendo muy fuerte. Fuimos pacientes y nunca perdimos de vista el objetivo, el cual era realizar un rescate eficiente y por sobre todo observar todos los parámetros de seguridad. La idea de un rescate es obviamente nunca provocar otro accidente, totalmente innecesario. En ese aspecto la presión, junto con la expectación del mundo, fue bastante.
El día Miércoles 13 de Octubre, A las 04:00 AM aproximadamente, se realizó el primer traslado de 2 mineros hacia Copiapó. Después de ese traslado, se inició la maratón de traslados todo el día y la noche posterior. Al haber estado yo de turno hasta la 01:00 AM me tocó descanso en el día para prepararme para la noche. Al haber arribado el último helicóptero diurno hasta el regimiento, al fin me tocó trasladar el helicóptero a la mina para realizar las últimas evacuaciones nocturnas. En la cabina de pasajeros hubo gritos, chistes, agradecimiento, risas y felicidad generalizada. Realizamos dos traslados más y la operación se había terminado. Sin novedad todos los vuelos, los cuál nos dejó el sabor de la innegable satisfacción de haber cumplido nuestra misión en la operación de rescate más emblemática que me ha tocado ver.
A la vuelta, llamados, felicitaciones, mensajes y apoyo de familia y amigos. Además del apoyo incondicional de mi polola y mi familia. A pesar de no ser la operación más complicada que he participado (debido a la excelente planificación), sin duda será una de las que más recordaré el resto de mi vida. Doy gracias a Dios por la oportunidad de realizar la labor que realizo día a día y por tener la suerte de contar con un equipo de trabajo tan preparado y profesional. Gracias mineros por darme una lección de vida tan importante y por la oportunidad de ayudarlos.
Teniente Pablo Schönherr Neumann
Piloto Bell 412
Grupo 9
II Brigada Aérea, Pudahuel,
FACH
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