Bachelet: un Gobierno de Crisis

Las imágenes de aquellas mujeres con las bandas presidenciales y el “Gobierno Ciudadano” se han ido diluyendo, como el apoyo ciudadano al cuarto gobierno de la Concertación. Por Luis Felipe Pizarro Muñoz
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18 de Junio, 2008 08:06
Ha pasado ya tiempo desde aquel 15 de enero de 2006, día en que con un 53,5% del total de los votos contra un 46,5% de Sebastián Piñera, Michelle Bachelet se convirtió en la primera mujer presidente de Chile. Recuerdo con claridad la imagen de miles de mujeres colocándose la banda presidencial lo que manifestaba la idea de lo que tanto se había anunciado en la campaña presidencial de nuestra mandataria: “El Gobierno Ciudadano”, así la Evaluación de Gestión del Gobierno mes de Abril, Adimark, 8 de mayo de 2006 le otorgó un apoyo de la ciudadanía superior al 60%, sin embargo, a tan sólo un año en el cargo, Bachelet cayó en 6 puntos y en julio de 2007 el porcentaje a la gestión presidencial fue del orden del 42,8% pero esta vez no de aceptación si no de rechazo, así, las imágenes de aquellas mujeres con las bandas presidenciales y el “Gobierno Ciudadano” se han ido diluyendo, como el apoyo ciudadano al cuarto gobierno de la Concertación.
En orden cronológico, una de las prioridades del programa presidencial fue la Reforma Previsional, aspecto que puede tomarse desde dos perspectivas distintas, por una parte este problema afecta a millones de chilenos y que puede desencadenar en una crisis de no realizarse modificaciones sustanciales en el sistema de pensiones, por la otra, los enormes intereses económicos de las AFP que han operado en un país que adoptó el neoliberalismo como el centro financiero de los empresarios y con una legislación que generó condiciones muy propicias para obtener dinero de los grupos de obreros chilenos. De esta reforma mucho ruido y pocas nueces.
Por otra parte, se prometió en el programa de Bachelet no sólo más, sino de mejores empleos, esto toca un aspecto importante en relación a la forma en que se ha sostenido el crecimiento de nuestro país, con una alta explotación y precariedad laboral, que termina generando bajos costos para el acaparamiento capitalista en Chile. Es lo que se conoce como el clima favorable para invertir que hace rentable para el capital extranjero generando negocios en nuestro país el que ha terminado tan sólo como operador nacional y socio local de los grandes capitales de los países dominantes que vienen a extraer materias primas de baja elaboración. No por nada, Chile figura como el país con más tratados de libre comercio en el mundo, los que son, por esencia, herramientas de los países dominantes para extender sus mercados subordinados. Esto ha generado una pobre calidad en las condiciones de trabajo y de vida, sobre todo cuando alguna circunstancia económica mundial impide en algo la rentabilidad de las cuantiosas exportaciones nacionales. La importancia en la exportación de materias primas como actividad económica ha sido de tal trascendencia que ha hecho débil nuestro modelo productivo ante las vacilaciones de los mercados internacionales, produciendo en nuestra historia estancamientos, recesiones, o crisis. De hecho, Chile resultó gravemente afectado por la depresión asiática, después de la cual no ha vuelto a recuperar los niveles de crecimiento de los año noventa.
Varias tensiones políticas han puesto a prueba el gobierno de Bachelet y su discurso progresista el mismo con el que llegó a la presidencia. Primero, la crisis educacional, donde se mezcla, por una parte, la evidente situación de crisis del sistema y por otra, el aumento en el interés por la política de las nuevas generaciones de niños y jóvenes, que apuntan a la desigualdad en nuestro país, asunto que no sólo se refiere a los ingresos, sino que también a las insuficientes oportunidades y posibilidades de movilidad social en la sociedad chilena. El gobierno, que comenzó con la idea del “Gobierno Ciudadano”, se veía enfrentado con una de las manifestaciones sociales más grandes de los últimos años. La magnitud de de la movilización, el peso de sus verdades propició un mínimo diálogo y apertura hacia lo que se estaba planteando por los secundarios. La movilización social logró acceder a la reacción de un Comité Asesor con participación de los actores sociales, y una pluralidad política que rara vez se ve en la política nacional, con un solo detalle, este comité sería sólo de carácter consultivo, sin capacidad de tomar decisiones, o sea, La democracia ciudadana que prometía Bachelet un sus discursos durante las campañas presidenciales fueron sólo eso.
Discursos. De nada sirvieron las constantes interpelaciones que por semanas realizaron los estudiantes con frases como “Michelle, ¿estás conmigo?”, “¿Con quién estás?”. El progresismo de Bachelet sufrió amnesia a poco de haber asumido la más alta magistratura del país, la misma amnesia que la llevó a olvidar su obsesiva idea por la paridad de género en el gabinete al sacar a Paulina Veloso de la Secretaría General de la Presidencia al remplazarla por José Antonio Viera Gallo. Esta tendencia no se tradujo en la mayor gobernabilidad que se esperaba, por el contrario, se incrementó hacia el término del periodo con la llegada de Francisco Vidal, en el segundo cambio de gabinete en el año, en reemplazo de Ricardo Lagos W. Esta nominación terminó sepultando definitivamente la posibilidad de que se cumpla con la promesa de hacer un gobierno con nuevos rostros, por otra parte existe voces desde la derecha de que Francisco Vidal tiene responsabilidades políticas directas en dos casos de corrupción e intervención electoral: Chiledeportes y el desvío de recursos desde los planes de empleo de emergencia hacia campañas políticas. Así, la verdadera toma de decisiones, está bastante lejos de la ciudadanía, como dijo alguien, parece que se gobierna más desde Casa Piedra que desde La Moneda. En este orden de ideas la agenda legislativa que se manifestaría en torno al gobierno ciudadano prácticamente no ha tenido avances. El propio proyecto de ley sobre asociaciones y participación ciudadana aún permanece inconcluso. La única decisión nueva fue la presentación por parte del Ejecutivo de un proyecto reforma constitucional que tiene por objeto incorporar la iniciativa ciudadana de ley en nuestro ordenamiento jurídico, lo cual no tuvo buena acogida y el Gobierno decidió no impulsar con mayor fuerza.
También forman parte de esta agenda frustrada la Reforma Constitucional que crea el Defensor Ciudadano, el cual sería denominado Defensoría de las Personas. Asimismo, se estancó el proyecto de ley que establece medidas contra la discriminación, que se ha mantenido durante todo el año en segundo trámite constitucional en el Senado. Por último, pese a las expectativas y reiteradas promesas de que pronto se publicará la ley sobre acceso a la información pública, que abarca tanto elementos de participación como de probidad, transcurrió el año sin que se publicara.
La segunda gran tensión fue la crisis de energía. La debilidad en este aspecto significa una falencia importante en el modelo económico chileno, y dado su aislamiento de los procesos de integración continental, de seguro los costos de la energía subirán retardando el crecimiento económico que depende casi totalmente de las grandes empresas. Teniendo en consideración un contexto histórico, de su identidad política, en los alineamientos políticos mundiales y continentales, el gobierno chileno debió optar por los procesos de integración americana, que por lo demás, tocan de manera central el desarrollo energético de la región, lo que no ha sido así, este gobierno se ha caracterizado por intentar mantenerse en un espacio intermedio e indefinido que a la larga genera una situación confusa, ni alineado del todo con las derechas del continente, ni con los gobiernos de izquierda. No se podría negar que esta hizo, desde sus comienzos, una apuesta deliberada por la apertura comercial y financiera hacia las fuerzas del norte, ganando en inversiones y crecimiento de corto plazo, pero perdiendo en integración regional y desarrollo productivo. Esta iniciativa que hasta hace poco le había dado primacía a Chile en términos de incremento económico e inserción de sus productos en los mercados del Norte, pero que con la emergente centralidad que está tomando el tema energético en todo el mundo la no integración con los países vecinos hoy es una grave falencia. Estas tensiones tienen el añadido de que cruzan a un gobierno con un débil sustento partidario. En efecto, la Concertación no sólo sufrió fuertes rencillas personales sino también un fuerte debilitamiento de la convivencia interna. Efectivamente, desde el quiebre con el Senador Schaulson y Flores siguiendo con Adolfo Zaldívar, la Concertación perdió control en las decisiones del país. En la misma Concertación se habla derechamente de los riesgos en términos de consenso, estabilidad, y durabilidad de la coalición. El reacomodo de los actores políticos dominantes, tanto dentro de sus coaliciones, partidos, o sectores partidarios, es cada vez más evidente y a veces tenso, y deja, por tanto, un escaso margen de maniobra a los limitados intentos de reformas en los aspectos más importantes que atraviesan al Chile de hoy, y que el gobierno de Bachelet había dicho pretender realizar.
La tercera crisis que enfrentó Bachelet fue Transantiago. Así y a comienzos del año 2004 se iniciarían los primeros trabajos con miras al nuevo plan de transporte. Es recordado el caso de la repavimentación de la Avenida Bernardo O’Higgins durante el verano de ese año, teniendo que ser reparada debido a la mala calidad de los materiales durante 2005, fue precisamente a mediados de ese año en que llegaron los buses de implementación del Transantiago provenientes de Brasil. El estudio fue tan mal hecho que estos buses se enfrentaron a una ciudad que no estaba preparada para que estos fueran utilizados, ejemplo de ello fue que sólo meses antes de la implementación del sistema se comprobó que el paso de la calle Bandera bajo la Alameda no contaba con la altura suficiente para el paso de los buses que atravesarían la ciudad de norte a sur.
Este no fue el único problema, así, la frecuencia de los microbuses se redujo debido a la baja de máquinas antiguas, por lo que los usuarios debieron enfrentar largas esperas de más de una hora, a lo que se sumó la reducción en la velocidad máxima de los buses nuevos a 60 km/h, esto seguido al retraso que experimento la segunda etapa de implementación debido a problemas en la licitación del Sistema de Información al Usuario de Transantiago (SIAUT) llamado comercialmente como "Transantiago Informa", el retraso en la instalación de los validadores de la tarjeta bip, la ausencia de recorridos que terminó generando caos en diversos puntos de la capital y el malestar generalizado debido a que los buses viajaban a máxima capacidad. La carencia de recorridos en algunas zonas de la periferia de la capital, generando caminatas de hasta veinte cuadras sumado a la falta de condiciones sanitarias mínimas en algunos paraderos, más el congestionamiento que debió enfrentar el Metro de Santiago en el mes de marzo (2,4 millones de pasajeros por cada día con una densidad de hasta seis pasajeros por metro cuadrado). Los graves problemas económicos debido al grave déficit financiero que posee el Administrador Financiero del Transantiago, lo que llevó al Ministerio de Hacienda durante la elaboración del presupuesto nacional para el año 2008 a solicitar un monto de 76 mil millones de pesos para el subsidio del Transantiago, que terminó en acaloradas sesiones en el Congreso Nacional y con la reducción a sólo mil pesos. Los montos fueron finalmente otorgados a través de un crédito de US$160 millones entregado por Banco Estado, el cual debería financiar al AFT hasta abril de 2008, cuando sea presentado un proyecto de ley que permita un subsidio estatal regular para el sistema de transportes. Lo citado precedentemente grafican la clara falta de liderazgo, compromiso y seriedad en la conducción del país.
Nada indica que el inmovilismo político del gobierno se modifique en alguna dirección que le dé sustentabilidad. El progresismo que se apreciaba en algunos de sus puntos se ha ido cerrando en un continuismo como el de siempre. Vemos actualmente las mismas manifestaciones que hace años atrás, las universidades en toma, protestas por el tema del petróleo, los profesores también reclaman lo suyo.
De las buenas intenciones, de las proclamas de cambio, de las Grandes Alamedas a las que aludió la Presidenta en su discurso inaugural, del Gobierno Ciudadano, de la integración a nuestro continente… nada de nada. Y nada indica que vendrá algo mejor, al menos, desde los erráticos caminos del gobierno de nuestra presidenta y su cada vez más erosionada Concertación.
FOTO: juque
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